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El mago de hortaleza.

Parecen ya lejanos aquellos tiempos en que España era una selección mediocre que como mucho llegaba a cuartos en los campeonatos internacionales. No creíamos en nuestra selección que sembraba una decepción tras otra, y si lo hacíamos, rápidamente nos topábamos con la cruda realidad. Ganábamos amistosos y nos ilusionábamos, los periódicos nos animaban a ello con falsas esperanzas, nos hacían creer que nuestros jugadores eran los mejores, pero luego no se veía nada de eso en el campo. Y campeonato tras campeonato, selecciones inferiores nos pasaban por encima sin ningún esfuerzo.

Sin embargo había un entrenador que estaba esperando su ocasión para darnos lo que anhelábamos. Le habían robado su oportunidad en varias ocasiones, las influencias de la camiseta blanca nunca le favorecieron, y tuvo que ver como un entrenador sin experiencia era elegido seleccionador, Camacho, que fracasó cayendo eliminado ante la “poderosa” Corea. Entonces prefirieron elegir al utillero Iñaki Sáez, que como era de esperar hizo el ridículo en la Eurocopa de Portugal 2004, bastante hacía el hombre con llevar los balones al entrenamiento.

Iñaki Saez, el utillero.


La federación se había quedado sin candidatos para ocupar el banquillo de la selección, muy a pesar suyo, ya sólo quedaba un hombre con la experiencia y la trayectoria necesaria para ocupar ese puesto de una forma digna. No había argumentos, ni excusas para elegir a otro. Y finalmente abdicaron y le dieron la batuta al elegido, el sabio de Hortaleza, Luis Aragonés.

Luis consiguió el mayor reconocimiento para un entrenador, ser el seleccionador de su país. El objetivo era el Mundial de Alemania del 2006, nada le detendría. Era tal su euforia que afirmó que abandonaría el cargo si no superaba los cuartos de final. La fase de grupos la superó de manera sobrada, con gran fútbol, y lo más increíble, ganando todos los partidos. Pero los astros se alinearon en contra de España, y le depararon un cruce envenenado en octavos de final, ni más ni menos que la Francia de Zinedine Zidane. España cayó por 3-1 y de nuevo para casita en octavos de final.

A su regreso a España todo fueron palos, Luis no era bien visto por la prensa blanca y se convirtió en un excelente chivo expiatorio al que vapulear y aumentar las ventas de periódicos a la parroquia blanca. Sin embargo Luis herido en su orgullo futbolístico tras la derrota ante Francia, decidió tragarse su orgullo personal y sus palabras, y comenzar un nuevo proyecto, el de la Eurocopa del 2008.

Esta vez había una diferencia el Sabio ya conocía de primera mano lo que le pasaba a España, lo había vivido en sus propias carnes. Esta vez no escucharía a la prensa, que por otra parte clamaba en su contra. Ya conocía a los jugadores y sabía cuales quería a su lado y cuales no. Y no le tembló el pulso a la hora de descartar a muchas estrellas consagradas, para construir una selección joven, casi desconocida para los que sólo veían jugar a los todopoderosos.

La selección que formo Luis Aragonés será la selección con menos jugadores del Barcelona y del Real Madrid de la historia. Sólo sumaban 5 jugadores entre ambos equipos, el Madrid aportaba 2 jugadores y 3 el Barcelona. Era una verdadera selección española, hecha por un entrenador que conocía el fútbol español a la perfección. Y no necesitaba mirar los periódicos para saber a quién necesitaba.

La prensa hacía campaña en su contra, los aficionados también. ¿Por qué no lleva a Raúl? Era una de las preguntas que se le lanzaban continuamente, a la que él replicó harto del asedio a que era sometido “¿Raúl? ¿Qué ha ganado Raúl con la selección?”. Tal era el acoso al que se le sometió, que la federación española, cobarde donde las haya, se desmarcó del proyecto y ya tenía apalabrado a su sustituto, Vicente del Bosque, antes de que empezase la Eurocopa.

El Panfleto de los paletos.


Allí estaba Luis, vendido antes de empezar el campeonato, sólo ante el mundo. Pero tenía un as en la manga, estaba junto a sus elegidos. Elegidos uno por uno, no por que apareciesen en la prensa, no por que jugasen en el Real Madrid o en el Barcelona. Elegidos con el criterio del mejor seleccionador que ha tenido España.

Arrancó la Eurocopa, probablemente el campeonato en el que la prensa menos ilusión vendió. El campeonato que la Federación prefería que perdiésemos. El campeonato de la cabezonería de un viejo. Pero ese viejo no era un viejo cualquiera, era El Sabio.

Y aquella Eurocopa se convirtió en el comienzo del reinado de España, en la invención de una nueva forma de jugar (que luego otros continuarían, Guardiola en el Barcelona y Vicente del Bosque con muy buen criterio en la propia selección). Todo el mundo se enamoro de esa España, de esa forma de jugar al futbol, del Tiki taka. Todo el campeonato fue un paseo, excepto Italia que nos hizo sufrir, pero el alma de campeones que tenía ese equipo se impuso en los penaltis (ya no teníamos a Raúl para que fallase). Y no sólo pasamos de octavos, si no que llegamos a la final y la ganamos con un portentoso gol del Torres que ninguno olvidaremos.

Los enemigos se tornaron en amigos, las criticas en alabanzas. Pero Luis ya era sordo a todo eso. Luis ya sabía lo que era tocar el cielo, y todos nosotros también lo estábamos tocando de su mano. Al fin España estaba donde debía estar.

El sabio de hortaleza.

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